UNA LLAMADA AL CIVISMO

El pasado domingo 5 de abril, después de una noche en que la tradición dice que Jesucristo preparaba su resurrección, el caño de la plaza Salamanca, justo enfrente del Ayuntamiento y por tanto en un lugar central de nuestro pueblo, amaneció de esta guisa.





Uno o más personajes decidieron que la mejor manera de celebrar la madrugada del sábado era tirar escombros al pilar. Algo del todo premeditado, porque ya se entiende que un inodoro es incapaz de acabar allí por sus propios medios. Supone irlo a buscar donde esté, romperlo y tirarlo allí, con desprecio. Restos de botellas y cristales rotos completaban esta triste escena.

Más allá del peligro que supone para cualquier vecino, la imagen que transmite un acto de estas características es lamentable. Para los visitantes ocasionales y para los vecinos. ¿Qué gana nadie haciendo algo así? ¿Que los niños que juegan allí habitualmente acaben con un corte? Desde este blog queremos hacer una condena enérgica de este tipo de comportamientos y, una vez más, una llamada clara al civismo y al comportamiento en favor del bien común. El pueblo es de todos y de todos depende también que se encuentre siempre en el mejor estado posible. De la misma manera, si algún vecino sabe quiénes son los autores de esta gamberrada sería positivo que lo comunicaran para que así se pudieran aplicar las medidas correctoras necesarias. No es tolerable ni está bien que quien hace cosas así se vaya de rositas. No está de más repetirlo.

Hay otro aspecto a comentar. En esta ocasión, sin ningún tipo de ironía, queremos felicitar al Ayuntamiento porque esta situación se solucionó en un breve periodo de tiempo más que razonable. El mismo lunes, solo 48 horas después, el caño y la plaza ya lucían limpios y en perfecto estado de revista a la vista de todo el mundo. Esta rápida manera de actuar nos dice que cuando se quiere se puede. Que cuando hay voluntad por solucionar los desperfectos también se puede. Incluso aquellos destrozos que nada tienen que ver con el Ayuntamiento. Es una cuestión de priorizar y prestar atención a los pequeños detalles del día a día, algo que lamentablemente casi nunca sucede.


¿Será este un cambio de actitud que se mantenga en el tiempo? ¿Será este caso la resurrección de una mejor manera de hacer las cosas? Ojalá. Desde aquí una recomendación para seguir en esta línea: vaciar las papeleras con más asiduidad, especialmente cuando el pueblo se llena de personas, y así evitar que rebosen de mierda durante días como ha pasado esta Semana Santa. Una papelera en la que no caben más residuos es inútil y un foco potencial de problemas. Y todavía otra recomendación más: si en lugar de mirar al suelo o hacia dentro de los pilares del pueblo nuestro alcalde levantara la vista al cielo, podría ver año tras año como los banderines de las fiestas de agosto se decoloran semana tras semana. ¿No estaría más bonito el Vallejo de la Mata en otoño y en primavera sin los banderines colgando de los robles? ¿No sería mejor tomar una fotografía del Ayuntamiento y la plaza Salamanca sin esos restos sucios marchitándose entre las fachadas? Eso también es cuestión de voluntad política. Además, en este caso concreto hacerlo bien no tiene nada que ver con el mal hacer de nadie, tan solo con la dejadez del Ayuntamiento.


POR NUESTRO PUEBLO